La lectura se concibe generalmente como un acto individual, como un momento íntimo de recogimiento, como un disfrute personal del placer de adentrarse en las páginas de un libro.

Pero también puede convertirse en una actividad compartida.

Por una parte, hay personas que por limitaciones varias tienen dificultades o la imposibilidad de leer, y por eso desasearían que alguien les leyera. La costumbre de leer un cuento a los niños antes de dormir siempre ha sido un deleite tanto para los padres como para los hijos. ¿Por qué no practicarlo con quienes lo necesitan?

En otro sentido, y sin necesidad de que medie impedimento alguno, leer en compañía puede convertirse en un ejercicio gratificante. Quienes no hayan experimentado una lectura teatralizada se están perdiendo la oportunidad de leer de otra manera, de interpretar, de dar voz a un personaje, de vivir de una forma diferente el ya de por sí placentero mundo de la lectura.

En Grano de arena ofrecemos ambas posibilidades. Lo importante es leer, ya sea con los ojos o con los oídos. Y si al leer le añadimos el transformarnos en actores y actrices, ¿qué más podemos pedir?